radiante e intensa.
Fue nuestra cómplice.
Sonrojada, jugaba traviesa entre las nubes
Testigo fue de la entrega
de dos almas libres,
de dos seres con espíritu aventurero,
en conjunción de una sola pasion.
La Luna, de un Cajoncito saco una llave,
y abrió con cuidado la cerradura
derramando un poco de su magia
a esos seres que se amaban con locura.

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